Despertó aturdida y con un pesado sentimiento de conmoción. Se incorporo lentamente y miro a su alrededor refregándose los ojos mientras se corría la pintura negra del rimmel y delineador. Se fijo en la hora, eran las once. Once de la mañana de un domingo solitario. Se levanto de la cama y se miro al espejo, le devolvía la mirada una mujer de estatura media baja, ojos grandes y marrones con manchas negras alrededor, como un mapache, labios finos y mejillas rosadas.
-¡Que desastre!
Corrió al baño a lavarse la cara, sintió el frio del piso del baño en sus pequeños pies descalzos. Se miro de nuevo al espejo y sufrió un mareo… ¿Qué fue lo que la había despertado tan confundida?
Cobro lucidez y se cambio el pijama, se vistió con sus jeans de siempre y un remeron que parafraseaba una canción de los Beatles. Seguía descalza, tomo el diario del domingo anterior y empezó a leerlo suavemente, cuando de pronto su vista quedo parcialmente nublada.
Ahora lo recordaba, lo había soñado, pero no era él, era alguien más, también había soñado a su madre, que, para su desgracia, en el sueño era una bruja insensible que retaba y hacia lloriquear a niños que, no sabe cómo, aparecieron en el sueño. Y él…él no era ÉL. Era alguien más, alguien que no la quería y la ignoraba, alguien al que no le importaba en lo más mínimo su presencia, y luego estaba su amigo, un simpático chico que parecía interesarse más por ella que el supuesto ÉL.
Era todo confuso, se sentía angustiada, tenía miedo de que el sueño no haya sido más que un reflejo de lo que en verdad pasaba. Pero lo más raro era ese sentimiento que el sueño despertó. El gigante estaba dormido, el sueño lo había despertado, ahora el gigante estaba más lucido que nunca y tenía hambre, quería a su presa, y la había conocido en el sueño.
-Lo que menos quería me viene a pasar a mí, ¡qué suerte que tengo!-
Encendió la radio para encontrar distracción, sonaba en ésta una canción melancólica de Lennon, jealous guy. En su rostro se dibujo una sonrisa y se acostó en la cama, cerró los ojos y escucho el piano y la hermosa voz de John. Cerro sus ojos pero al que veía en su mente no era John, era él, ¡el maldito él!, abrió sus ojos enojada y apago la radio.
-¡No quiero enamorarme de vos!- exclamo mientras se dirigía a la cocina.
Se preparo un cappuccino y se quedo sentada en la tranquilidad de la cocina. Una casa tan grande para una persona tan pequeña era aterradora. Ligeramente brotaron de sus ojos lágrimas pesadas.
-No dejo de pensar en vos- dijo por lo bajo.
Se abrazo mientras cerraba sus ojos lagrimeantes. Estaba sola y nadie llegaría a consolarla. Nadie querría escucharla. Y él seguía allí en su mente, inalcanzable, empezó a reírse, reía y lloraba.
-¡Es todo tan absurdo!, a ver… ¿Qué necesidad tengo de pensar en vos, eh? No sé si ahora me alegra o no haberte conocido…y mira, estoy hablando sola como una vieja loca.
Miro a su alrededor, la casa estaba en penumbras, las ventanas cerradas, las luces apagadas, solo su miserable presencia.
-¡Que desastre!
Corrió al baño a lavarse la cara, sintió el frio del piso del baño en sus pequeños pies descalzos. Se miro de nuevo al espejo y sufrió un mareo… ¿Qué fue lo que la había despertado tan confundida?
Cobro lucidez y se cambio el pijama, se vistió con sus jeans de siempre y un remeron que parafraseaba una canción de los Beatles. Seguía descalza, tomo el diario del domingo anterior y empezó a leerlo suavemente, cuando de pronto su vista quedo parcialmente nublada.
Ahora lo recordaba, lo había soñado, pero no era él, era alguien más, también había soñado a su madre, que, para su desgracia, en el sueño era una bruja insensible que retaba y hacia lloriquear a niños que, no sabe cómo, aparecieron en el sueño. Y él…él no era ÉL. Era alguien más, alguien que no la quería y la ignoraba, alguien al que no le importaba en lo más mínimo su presencia, y luego estaba su amigo, un simpático chico que parecía interesarse más por ella que el supuesto ÉL.
Era todo confuso, se sentía angustiada, tenía miedo de que el sueño no haya sido más que un reflejo de lo que en verdad pasaba. Pero lo más raro era ese sentimiento que el sueño despertó. El gigante estaba dormido, el sueño lo había despertado, ahora el gigante estaba más lucido que nunca y tenía hambre, quería a su presa, y la había conocido en el sueño.
-Lo que menos quería me viene a pasar a mí, ¡qué suerte que tengo!-
Encendió la radio para encontrar distracción, sonaba en ésta una canción melancólica de Lennon, jealous guy. En su rostro se dibujo una sonrisa y se acostó en la cama, cerró los ojos y escucho el piano y la hermosa voz de John. Cerro sus ojos pero al que veía en su mente no era John, era él, ¡el maldito él!, abrió sus ojos enojada y apago la radio.
-¡No quiero enamorarme de vos!- exclamo mientras se dirigía a la cocina.
Se preparo un cappuccino y se quedo sentada en la tranquilidad de la cocina. Una casa tan grande para una persona tan pequeña era aterradora. Ligeramente brotaron de sus ojos lágrimas pesadas.
-No dejo de pensar en vos- dijo por lo bajo.
Se abrazo mientras cerraba sus ojos lagrimeantes. Estaba sola y nadie llegaría a consolarla. Nadie querría escucharla. Y él seguía allí en su mente, inalcanzable, empezó a reírse, reía y lloraba.
-¡Es todo tan absurdo!, a ver… ¿Qué necesidad tengo de pensar en vos, eh? No sé si ahora me alegra o no haberte conocido…y mira, estoy hablando sola como una vieja loca.
Miro a su alrededor, la casa estaba en penumbras, las ventanas cerradas, las luces apagadas, solo su miserable presencia.

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