Se deslizan, se retuercen, se abrazan, se besan. Se miran, se sonríen, se hunden en una profunda y perdida ola de placer.
Sus gruesas manos acarician la curvada cintura femenina, frágil, suave. Ella se queda quieta, se deja llevar, se deja besar. Gime, se queda en silencio, lo ama.
El sol asoma sus rayos por la gruesa ventana. En un rincón de la habitación ella llora. Se fue otra vez.
Seca sus lágrimas, se incorpora, corre al baño. Mira el espejo, no se ve, solo lo ve a él. Solo mira el abandono. Cuenta las horas, quiere que oscurezca, quiere que vuelva. Esa noche él no regreso.
Se sumerge en su soledad, se ahoga en impaciencia, se desespera, solo lo espera, ¿él? No llega.
Tararea una vieja canción de su inocente y perdida infancia. Quince años, Lucia. Quince años tirados a la basura. Quince sucios años, bañados de sudado pecado, quince años de prohibida lujuria.
Pero, ¿es que no te enseñaron, Lucia? Ese hombre no vale la pena…a tu edad ninguno lo vale. Lucia, pequeña Lucia, te dejaste usar, quisiste ser juguete, terminaste siendo una frágil y débil muñeca. No tenes voluntad, Lucia. Tenes ilusión, estúpida ilusión. ¿Amor? Lo tuyo no es amor, Lucia, es obsesión, es pura idealización.
Lucia, él no va volver, no quiere volver a comer de la misma mano. ¡Levántate, Lucia! Recoge tus dibujos, repara tus dañadas alas. Posa tu delgado y corrompido cuerpo a la luz del temprano amanecer. Olvídalo. No creas en él ni en los demás, después de todo, los hombres solo fueron creados para ilusionar.
Sus gruesas manos acarician la curvada cintura femenina, frágil, suave. Ella se queda quieta, se deja llevar, se deja besar. Gime, se queda en silencio, lo ama.
El sol asoma sus rayos por la gruesa ventana. En un rincón de la habitación ella llora. Se fue otra vez.
Seca sus lágrimas, se incorpora, corre al baño. Mira el espejo, no se ve, solo lo ve a él. Solo mira el abandono. Cuenta las horas, quiere que oscurezca, quiere que vuelva. Esa noche él no regreso.
Se sumerge en su soledad, se ahoga en impaciencia, se desespera, solo lo espera, ¿él? No llega.
Tararea una vieja canción de su inocente y perdida infancia. Quince años, Lucia. Quince años tirados a la basura. Quince sucios años, bañados de sudado pecado, quince años de prohibida lujuria.
Pero, ¿es que no te enseñaron, Lucia? Ese hombre no vale la pena…a tu edad ninguno lo vale. Lucia, pequeña Lucia, te dejaste usar, quisiste ser juguete, terminaste siendo una frágil y débil muñeca. No tenes voluntad, Lucia. Tenes ilusión, estúpida ilusión. ¿Amor? Lo tuyo no es amor, Lucia, es obsesión, es pura idealización.
Lucia, él no va volver, no quiere volver a comer de la misma mano. ¡Levántate, Lucia! Recoge tus dibujos, repara tus dañadas alas. Posa tu delgado y corrompido cuerpo a la luz del temprano amanecer. Olvídalo. No creas en él ni en los demás, después de todo, los hombres solo fueron creados para ilusionar.

3 palabritas que me dan aliento:
No se si es que sólo fueron echos para ilusionar.
Los hombres tambien saben abrir frascos, y mandarse cagadas.
Pensalo.
Relectura:
Unnn momento.
¿ En que cosa rara estabas a los quince años ?
Siempre somos los malos del cuento, y como caballero me quedo callado por respeto, mira, hasta esto somos capaces de dar, la dignidad. Hay que hacerla mas simple y no complicarse mucho, hay hijos e hijas de "puta" en el mundo, pero no puede ser que siempre sea culpa de la madre. Por las cagadas del mundo no hay responsabilidades compartidas
Publicar un comentario