Caminaba rengueando su podrida pierna. Arrastraba su extremidad por la sucia vereda, la gente lo miraba con asco y desaprobación. Él sólo miraba con los ojos de la desdicha, hace rato le había dejado de importar las miradas de los demás.
Se apoyo en una vieja pared, los gusanos hacían una fiesta en su carne viva. Ya no importaba, de todos modos, moriría de alguna otra forma.
Sus ropas viejas y desagarradas habían pasado de blanco a un amarillo casi marrón, sus uñas parecían palas y su cabello era un nido de pájaros. Saco de su viejo morral una botella de vodka, sorbió unos tragos. El alcohol hacia todo más soportable, o al menos le quitaba la vergüenza de ser un pobre diablo que no tenia donde caerse muerto, literalmente.
El sol de media tarde le hacía doler la cabeza, le ardían los ojos, era el alcohol. Se levanto como pudo, y camino sin rumbo, su ritmo era movedizo, zigzagueaba de aquí para allá, la gente solo lo ignoraba o lo maldecía, como si fuera el mismísimo demonio.
-¡Te dije, inútil de mierda, no quiero volverte a ver pasar por mi verdulería!-grito con odio el señor Vega. Era un hombre grandulón, se aprovechaba de la miseria del mendigo, lo humillaba, pero sus palabras no lastimaban al mendigo. Él solo seguía su atolondrado paso, ahora acelerado, le sangraba la pierna, su blancuzco hueso podía divisarse y un olor putrefacto salía despedido de él.
-Fah, ¡mendigos! ¡Que primero aprendan a trabajar y después pidan limosnas!, otra vez me lleno la vereda de esa maldita sangre, ¡me pregunto cuándo mierda se morirá y dejará de jodernos la vida a todos! Discúlpeme, usted. Voy por el estropajo-se escuchaba vociferar al verdulero.
Él seguía su paso, de pronto sus viejos ojos se llenaron de lágrimas. Se sentó en un banco de la plaza principal. Grave error. Mientras secaba sus ojos rojos de tanta amargura, sintió que lo chistaban, no podría ser… ¿quien querría hablar con él?
-chist! Usted, ¡retírese en este momento de ese banco! Pero, ¡¿qué locura pensó cuando se sentó en él?! ¿Que acaso no leyó el cartel? ¡NO APTO PARA GENTE DE COLOR! Carajo, salga de ahí en este momento antes de que lo vean. ¡Por Dios, se está pudriendo! Tendré que desinfectar este maldito banco, ¿Qué espera? ¡SALGA EN ESTE INSTANTE, MALDITO NEGRO!-
Esta vez el mendigo salió corriendo, el placero lo perseguía con un rastrillo, alcanzo a pegarle en la espalda que ahora le sangraba. Llego al centro de la ciudad, se tiro cerca de unos enormes basureros. Las ratas se acercaban a hacerle compañía. ¡Dios, ¿realmente merezco esto?!
Lloraba, lloraba sin más remedio, lloraba mientras miraba la gente pasar. Por Dios, señor, ¿y ellos son los putos civilizados?
-¡Mira, mami! Un viejo moribundo, ¡las ratas le están comiendo la pierna!-se escuchaba exclamar a un pequeño inocente.
-¡No te acerques, Juan! Ese hombre está así por negro, violador seguro. Dios está haciendo justicia, hijo- respondía una madre apurada.
El ritmo de la vieja ciudad no cesaba, el sol bajaba de a poco, las calles se volvían solitarias. Él se encontraba hundido en un charco de sangre negra, temblaba, lloraba. Sus ojos se volvían pesados. Dejo de temblar, dejo de llorar, miro por última vez el cielo negro y exclamó por vez última:
-¡Gracias, señor, por salvarme de este cochino infierno!-

1 palabritas que me dan aliento:
La realidad contada con un tono suave y moderado. De miseria andamos todos, como es hombre tiene la pierna podrida, yo tengo el mate :s
Publicar un comentario