[…] si he de ser amado por el otro, debo ser libremente elegido por Otro amado, Sabido es que, en la terminología corriente del amor, el amado es designado con el termino de elegido. Pero esta elección no debe ser relativa y contingente: el amante se irrita y se siente desvalorizado cuando piensa que el amado lo ha elegido entre otros: ≪Entonces, si yo no hubiera venido a esta ciudad, si no hubiera frecuentado la casa de fulano, tu no me habrías conocido, no me habrías amado≫. Esta idea aflige al amante: su amor se convierte en amor entre otros amores, limitado por la facticidad del amado y por su propia facticidad, a la vez que por la contingencia de los encuentros: se convierte en amor en el mundo, objeto que supone el mundo y que puede a su vez existir para otros. Lo que el exige, lo traduce con estas palabras torpes e impregnadas de ≪cosismo≫: ≪Estábamos hechos el uno para el otro≫; o bien utiliza la expresión: «almas gemelas≫. Pero hay que saberlo interpretar: él sabe bien que lo de ≪estar hechos el uno para el otro≫ se refiere a una elección originaria. Esta elección puede ser la de Dios, como el ser que es elección absoluta, pero Dios no representa aquí sino el paso al límite en la exigencia de absoluto. En realidad, lo que el amante exige es que el amado haya hecho de él una elección absoluta. Esto significa que el ser-en-el-mundo del amado debe ser un ser amante. Este surgimiento del amado debe ser libre elección del amante. Y, como el otro es fundamento de mi ser-objeto, exijo de él que el libre sufrimiento de su ser tenga por fin único y absoluto su elección de mí, es decir, que haya elegido ser para fundar mi objetividad y mi facticidad. De este modo mi facticidad queda salvada. Ya no es ese algo dado impensable e insuperable de lo cual huyo: es aquello para lo cual el otro se hace elegir libremente, es como un fin que él se da. Yo lo he infectado con mi facticidad, pero, de la que ha sido infectado en cuanto Libertad, me la devuelve como facticidad para que esta sea su fin. A partir de ese amor capto, pues, de otro modo mi alienación y mi
facticidad propia. Esta es -en tanto que para-otro- no ya un hecho, sino un derecho. Mi existencia es Porque es llamada. Esta existencia, en tanto que la asumo, se convierte en Pura generosidad. Soy porque me prodigo. Estas amadas venas de mis manos existen por bondad pura. Qué bueno Soy por tener ojos, cabello, cejas, y prodigarlos incansablemente, en un desbordamiento de generosidad, a ese deseo infatigable que el otro libremente se hace ser. Si en vez de sentirnos, como antes de ser amados, inquietos por esa injustificada e injustificable protuberancia que era nuestra existencia, en vez de sentirnos ≪de mas≫, sentimos ahora que esa existencia es recobrada Y querida en sus menores detalles por una libertad absoluta -a la que condiciona al mismo tiempo- y que nosotros mismos queremos con nuestra Propia libertad. Tal es el fondo de la alegría del amor, cuando esa alegría existe: sentir justificada nuestra existencia. […]
El Ser y la Nada, J. P. Sartre.
Jay Leno
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Hace 3 años.

2 palabritas que me dan aliento:
Muy enredado el texto, para mí es más simple, el amor sos vos, lo que te rodea y nada más jajaj
Igual, ya te encargarás de explicármelo, si? :P
Te amo loquitaaaaaaaaaa!!
Ser y la Nada, un libro digno de ser adquirido. Paso Belen, suerte y saludos
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