De qué se trata
Éste blog es pura y simple catarsis.
Todas las fotos fueron tomadas por mí, lo escrito puede variar.
Besos.
Bell
Tributo a los fabulosos cuatro :P
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De desamores
Ella se refugiaba en una pequeña azotea llena de polvo y olor a guardado. Miraba sombras en las penumbras, los cachivaches parecían cobrar vida y su paranoia no la hacía sentir protegida. Tejía en sus pensamiento tortuosos finales para ella misma, en un abrir y cerrar de ojos los muebles cobraban vida y le otorgaban su último suspiro.
Una fría brisa se colaba por la ventana, ella solo miraba y se abrazaba, después del desamor, no hay frio peor, pensó. Y cerró sus ojos esperando amanecer en el calor del sol.
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De Feist

We don't see eye to eye Or hear ear to ear
Don't you wish that we could forget that kiss
And see this for what it is
That we're not in love
The saddest part of a broken heart
Isn't the ending so much as the start
It was hard to tell just how I felt
To not recognize myself I started to fade away
And after all it won't take long to fall in love
Now I know what I don't want I learned that with you
The saddest part of a broken heart
Isn't the ending so much as the start
The tragedy starts from the very first spark
Losing your mind for the sake of your heart
The saddest part of a broken heart
Isn't the ending so much as the start
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Bell
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Mundo caninamente humano
El crudo invierno teñía las angostas calles de blanco. El frio carcomía los huesos y la carne. La ventisca soplaba congelando el aliento. El mundo parecía un desierto polar, eran de tarde y nadie se asomaba afuera. Él caminaba apresurado, se resfregaba las manos intentando generar una fuente de calor en su delgado cuerpo. El estomago le rugía, no comía hace dos días, el viento le acariciaba la nuca dejándole una escalofriante sensación de soledad. Llevaba en sus manos dos lienzos viejos arrollados y resquebrajados.
Entro en un pequeño bar escondido entre las casas y edificios, sonaba un lento blues de los años cincuenta, howlin wolf seguramente.
-Parece que este invierno te va hacer trabajar más de lo normal, eh- comento el cantinero al ver entrar al desfachatado joven.
No había nadie, a esas horas todos deseaban estar calentitos en sus casas tomando una chocolatada.
-No sé si trabajar, pero si no consigo dinero para el martes voy a tener que empezar a mendigar-bromeo el joven mientras se quitaba la boina de lana.
-Cinco grados bajo cero, y eso que recién está empezando el invierno, y ahora vamos con una canción icónica de los años sesenta, si, si, The Who con I can’t explain.- se escuchaba al locutor de la vieja radio del bar.
-¡¿CINCO GRADOS BAJO CERO?! PFFT, parecen cuarenta!, ese operador está loco.-comento el cantinero mientras secaba unos vasos de whisky.
-Sean cinco o cuarenta no me importa, necesito un par de medias, los pies se me congelan…un ron bien concentrado, necesito sentir calor de cualquier modo…-
-¿Y cuando pensas pagarme? Todavía me debes los whisky del viernes, y empiezo a creer que no me lo vas a pagar nunca.-murmuro el cantinero mientras mirada de reojo al joven y servía ron de una botella de aspecto viejo.
-Ya te dije, si logro vender estos lienzos voy a pagarte eso y hasta te voy a pagar por adelantado los tequila que te voy a comprar para festejar mi venta!- contesto enérgico el joven. Sin su vieja boina se lucia su rostro, ojos grandes de color marrón, una cabellera abundante que le llegaba hasta un poco menos que los hombros de color castaño casi claro.
-El problema es si no los vendes. Dejate de joder con eso de pintar y buscate un trabajo seguro. ¡No entiendo a la gente que compra dibujos!-exclamo el cantinero mientras se acomodaba el prolijo bigote. Era un hombre de unos cincuenta años, rubio y de ojos azules, hijo de algún inmigrante alemán, seguro.
-Es que no son dibujos...es arte, es expresión, quien me compre un “dibujo”, como vos le decís, me está comprando una parte de mi voz, una parte de mi cabeza, lo que yo pensé y plasme en un lienzo, mi ideología, mi locura o mi carencia de creatividad, jajaja- respondió el joven mientras le brillaban los ojos.
-Se ve que te gusta, entonces…ahora me dio curiosidad ver que es lo que dibujaste, mostrame que tenes ahí y si me gusta alguno me lo quedo y no me debes mas nada y te regalo un tequila.- el cantinero se había entusiasmado.
-¿para vos mis pinturas valen un whisky, un ron y un tequila?, ¡pero que manera de subestimarme!- bromeo el joven y desenrollo uno de sus lienzos.
Era un perro labrador con ojos brillantes en medio de una calle de piedra solitaria, estaba pintado desprolijo y en un costado se podía leer el nombre de Juan Pablo.
-Ah, sos Juan vos también-comento el cantinero mientras observaba la pintura cuidadosamente.-Y si te pido que me expliques por qué pintaste un perro con cara triste? ¿Qué tiene que ver con tu expresión, con lo que sentís, con el sentido del arte?- pregunto en tono burlón el cantinero, que al parecer se llamaba Juan.
-El perro es un animal, en este caso un animal callejero que sufre la indiferencia de la gente, tiene frio y no sabe a dónde ir, no tiene donde…y sufre, está sufriendo el frio del invierno.- respondió el joven sonriendo.
-Y si me lo decís así tiene sentido, pero yo para adornar mi bar prefiero a Brigitte Bardot en bolas que a un perro con cara de hambre, viste?, igual esta bueno, seguro alguna vieja loca con plata te lo compra, y si tenes suerte te regala una noche-bromeo nuevamente.
-No, deja nomas. No entendiste nada, el perro sos vos, el perro soy yo, todos tenemos un perro interno que se encuentra solo en las calles sintiendo frio y soledad, todos somos ese animal que busca por todas partes el calor que el sol ya no le puede dar. Hablo de amor, Juan.
-Y pero ¡tenes que pensar mucho para darle ese sentido a la pintura de un perro con lagañas!-
-Por eso mismo, porque nadie ve mas allá de lo que hay, por eso todos sufrimos el invierno de nuestras almas, porque vivimos como si no necesitáramos más que trabajo, dinero y comida. Eso es lo esencial, no? Pero sabes qué? Para mí no, mejor cagate de hambre pero sentí la vida más profundamente, busca la manera de alejar la soledad o de disfrutarla, pensar diferente es ser raro, no? Claro, porque no uso un traje y no trabajo en un banco. Soy un vago que anda diciendo que el mundo necesita amor, que es lo único que necesitamos en realidad. Alguna vez te enamoraste vos? Alguna vez cometiste una locura por una mujer? Alguna vez le lloraste?
-Pero dejate de decir pavadas!- contesto nervioso el cantinero
-Pero decime, si o no?-
-Esas son cosas de jóvenes ingenuos, después te vas a dar cuenta que las mujeres no son más que una carga, te quieren mucho, te quieren mucho pero si no tenes plata sos un inservible. Vos trabaja y después pensa en el amor, que en el estado que estas ninguna te va dar bola.
-No, no entendes nada. El amor no es eso, el amor no es sexo. El amor es eso que sentís independientemente de la ropa y la plata, el amor es cuando ves a tu mujer a los ojos y sentís que no queres nada más que verla. Cuando sentís que no necesitas nada más. Solo ella y vos, si, cagandose de hambre los dos, pero juntos. Lo demás que vos decís no es amor- respondió serio.
-Y a que viene toda esta lección de amor que me queres dar? Estas enamorado, Shakespeare?
-más que nunca, y por desgracia ella piensa como vos- suspiro angustiado el joven.
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Un sueño
-¡Que desastre!
Corrió al baño a lavarse la cara, sintió el frio del piso del baño en sus pequeños pies descalzos. Se miro de nuevo al espejo y sufrió un mareo… ¿Qué fue lo que la había despertado tan confundida?
Cobro lucidez y se cambio el pijama, se vistió con sus jeans de siempre y un remeron que parafraseaba una canción de los Beatles. Seguía descalza, tomo el diario del domingo anterior y empezó a leerlo suavemente, cuando de pronto su vista quedo parcialmente nublada.
Ahora lo recordaba, lo había soñado, pero no era él, era alguien más, también había soñado a su madre, que, para su desgracia, en el sueño era una bruja insensible que retaba y hacia lloriquear a niños que, no sabe cómo, aparecieron en el sueño. Y él…él no era ÉL. Era alguien más, alguien que no la quería y la ignoraba, alguien al que no le importaba en lo más mínimo su presencia, y luego estaba su amigo, un simpático chico que parecía interesarse más por ella que el supuesto ÉL.
Era todo confuso, se sentía angustiada, tenía miedo de que el sueño no haya sido más que un reflejo de lo que en verdad pasaba. Pero lo más raro era ese sentimiento que el sueño despertó. El gigante estaba dormido, el sueño lo había despertado, ahora el gigante estaba más lucido que nunca y tenía hambre, quería a su presa, y la había conocido en el sueño.
-Lo que menos quería me viene a pasar a mí, ¡qué suerte que tengo!-
Encendió la radio para encontrar distracción, sonaba en ésta una canción melancólica de Lennon, jealous guy. En su rostro se dibujo una sonrisa y se acostó en la cama, cerró los ojos y escucho el piano y la hermosa voz de John. Cerro sus ojos pero al que veía en su mente no era John, era él, ¡el maldito él!, abrió sus ojos enojada y apago la radio.
-¡No quiero enamorarme de vos!- exclamo mientras se dirigía a la cocina.
Se preparo un cappuccino y se quedo sentada en la tranquilidad de la cocina. Una casa tan grande para una persona tan pequeña era aterradora. Ligeramente brotaron de sus ojos lágrimas pesadas.
-No dejo de pensar en vos- dijo por lo bajo.
Se abrazo mientras cerraba sus ojos lagrimeantes. Estaba sola y nadie llegaría a consolarla. Nadie querría escucharla. Y él seguía allí en su mente, inalcanzable, empezó a reírse, reía y lloraba.
-¡Es todo tan absurdo!, a ver… ¿Qué necesidad tengo de pensar en vos, eh? No sé si ahora me alegra o no haberte conocido…y mira, estoy hablando sola como una vieja loca.
Miro a su alrededor, la casa estaba en penumbras, las ventanas cerradas, las luces apagadas, solo su miserable presencia.
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Para mi Lucía interna
Sus gruesas manos acarician la curvada cintura femenina, frágil, suave. Ella se queda quieta, se deja llevar, se deja besar. Gime, se queda en silencio, lo ama.
El sol asoma sus rayos por la gruesa ventana. En un rincón de la habitación ella llora. Se fue otra vez.
Seca sus lágrimas, se incorpora, corre al baño. Mira el espejo, no se ve, solo lo ve a él. Solo mira el abandono. Cuenta las horas, quiere que oscurezca, quiere que vuelva. Esa noche él no regreso.
Se sumerge en su soledad, se ahoga en impaciencia, se desespera, solo lo espera, ¿él? No llega.
Tararea una vieja canción de su inocente y perdida infancia. Quince años, Lucia. Quince años tirados a la basura. Quince sucios años, bañados de sudado pecado, quince años de prohibida lujuria.
Pero, ¿es que no te enseñaron, Lucia? Ese hombre no vale la pena…a tu edad ninguno lo vale. Lucia, pequeña Lucia, te dejaste usar, quisiste ser juguete, terminaste siendo una frágil y débil muñeca. No tenes voluntad, Lucia. Tenes ilusión, estúpida ilusión. ¿Amor? Lo tuyo no es amor, Lucia, es obsesión, es pura idealización.
Lucia, él no va volver, no quiere volver a comer de la misma mano. ¡Levántate, Lucia! Recoge tus dibujos, repara tus dañadas alas. Posa tu delgado y corrompido cuerpo a la luz del temprano amanecer. Olvídalo. No creas en él ni en los demás, después de todo, los hombres solo fueron creados para ilusionar.
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