De qué se trata
Éste blog es pura y simple catarsis.
Todas las fotos fueron tomadas por mí, lo escrito puede variar.
Besos.
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palabritas que me dan aliento
Etiquetas: Verborrea
De almas oscuras
Cierro mis ojos y siento el clamor, esa triste voz de cascabel retumbando alrededor. Me estoy volviendo oscura.
Thom me decía que la vida se trataba de eso volvernos parcialmente oscuros, la muerte parece ser nuestro inevitable pero irresistible fin.
Quiero poder no sentir el punzante dolor que me provoca pensar en el adiós, mas el dolor está encarnado en mis ojos.
La negra sangre fluye por mis venas, me grita, me sacude y marea, ¡te estás volviendo negra!
Oscura…como la simple muerte.
Y sigo mis pasos, la inercia se apodera de mis días, inercia, rutina, efímeros días.
Abro mis ojos y tan solo veo nada, no hay significados claros, no hay claridad, hay muerte. Pues, amigo mío, la vida se trata tan solo de volvernos oscuramente muertos, ¡almas oscuras! Deseosas de paz, deseosas de algo no experimentado, ¡pero qué necios! ¡Después de la negra muerte no hay experiencias ni libertad! Solo hay frio, negro frio y soledad.
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Etiquetas: Intento de reflexión
Por Luis Alberto Spinetta

Muchacha ojos de papel, ¿adónde vas? Quédate hasta el alba. Muchacha pequeños pies, no corras más. Quédate hasta el alba. Sueña un sueño despacito entre mis manos hasta que por la ventana suba el sol. Muchacha piel de rayón, no corras más. Tu tiempo es hoy. Y no hables más, muchacha corazón de tiza. Cuando todo duerma te robare un color. Muchacha voz de gorrión, ¿adonde vas? Quédate hasta el día. Muchacha pechos de miel, no corras más. Quedate hasta el día. Duerme un poco y yo entretanto construiré un castillo con tu vientre hasta que el sol, muchacha, te haga reír hasta llorar, hasta llorar. Y no hables más, muchacha corazón de tiza. Cuando todo duerma te robare un color.
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Etiquetas: De alguien más
Desde mi ataud
Las horas corren, yo las miro pasar por mi lado, las saludo, las observo cuidadosamente. Son diferentes, ninguna es igual a otra. Me arden los ojos, las veo pasar, me ignoran.
Camino hacia ningún lugar, la gente respira, piensa, vive sin mí, me ignora.
Llego hasta tu morada, estas ahí, haciendo lo “cotidiano”, solo que a vos las cosas simples te quedan tan bien…caminas de aquí para allá, te detenes a pensar, sonreís, lloras, sos, me ignoras.
¿Cuál es el problema? No hay problema, hay ausencia.
Quiero decirte la verdad, no me escuchas, no podes. Te escribo, no podes leerme. Nadie puede. Lloro pero no tengo lágrimas. De pronto no tengo tristeza, de pronto tan solo soy aire circulando en la ciudad.
¡Qué rápido se vuelve al origen! Que efímera e insignificante fue mi vida…no me puedo lamentar. Los muertos no se lamentan.
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22:55
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Etiquetas: Hija de mi "creatividad"
De miseria
Caminaba rengueando su podrida pierna. Arrastraba su extremidad por la sucia vereda, la gente lo miraba con asco y desaprobación. Él sólo miraba con los ojos de la desdicha, hace rato le había dejado de importar las miradas de los demás.
Se apoyo en una vieja pared, los gusanos hacían una fiesta en su carne viva. Ya no importaba, de todos modos, moriría de alguna otra forma.
Sus ropas viejas y desagarradas habían pasado de blanco a un amarillo casi marrón, sus uñas parecían palas y su cabello era un nido de pájaros. Saco de su viejo morral una botella de vodka, sorbió unos tragos. El alcohol hacia todo más soportable, o al menos le quitaba la vergüenza de ser un pobre diablo que no tenia donde caerse muerto, literalmente.
El sol de media tarde le hacía doler la cabeza, le ardían los ojos, era el alcohol. Se levanto como pudo, y camino sin rumbo, su ritmo era movedizo, zigzagueaba de aquí para allá, la gente solo lo ignoraba o lo maldecía, como si fuera el mismísimo demonio.
-¡Te dije, inútil de mierda, no quiero volverte a ver pasar por mi verdulería!-grito con odio el señor Vega. Era un hombre grandulón, se aprovechaba de la miseria del mendigo, lo humillaba, pero sus palabras no lastimaban al mendigo. Él solo seguía su atolondrado paso, ahora acelerado, le sangraba la pierna, su blancuzco hueso podía divisarse y un olor putrefacto salía despedido de él.
-Fah, ¡mendigos! ¡Que primero aprendan a trabajar y después pidan limosnas!, otra vez me lleno la vereda de esa maldita sangre, ¡me pregunto cuándo mierda se morirá y dejará de jodernos la vida a todos! Discúlpeme, usted. Voy por el estropajo-se escuchaba vociferar al verdulero.
Él seguía su paso, de pronto sus viejos ojos se llenaron de lágrimas. Se sentó en un banco de la plaza principal. Grave error. Mientras secaba sus ojos rojos de tanta amargura, sintió que lo chistaban, no podría ser… ¿quien querría hablar con él?
-chist! Usted, ¡retírese en este momento de ese banco! Pero, ¡¿qué locura pensó cuando se sentó en él?! ¿Que acaso no leyó el cartel? ¡NO APTO PARA GENTE DE COLOR! Carajo, salga de ahí en este momento antes de que lo vean. ¡Por Dios, se está pudriendo! Tendré que desinfectar este maldito banco, ¿Qué espera? ¡SALGA EN ESTE INSTANTE, MALDITO NEGRO!-
Esta vez el mendigo salió corriendo, el placero lo perseguía con un rastrillo, alcanzo a pegarle en la espalda que ahora le sangraba. Llego al centro de la ciudad, se tiro cerca de unos enormes basureros. Las ratas se acercaban a hacerle compañía. ¡Dios, ¿realmente merezco esto?!
Lloraba, lloraba sin más remedio, lloraba mientras miraba la gente pasar. Por Dios, señor, ¿y ellos son los putos civilizados?
-¡Mira, mami! Un viejo moribundo, ¡las ratas le están comiendo la pierna!-se escuchaba exclamar a un pequeño inocente.
-¡No te acerques, Juan! Ese hombre está así por negro, violador seguro. Dios está haciendo justicia, hijo- respondía una madre apurada.
El ritmo de la vieja ciudad no cesaba, el sol bajaba de a poco, las calles se volvían solitarias. Él se encontraba hundido en un charco de sangre negra, temblaba, lloraba. Sus ojos se volvían pesados. Dejo de temblar, dejo de llorar, miro por última vez el cielo negro y exclamó por vez última:
-¡Gracias, señor, por salvarme de este cochino infierno!-
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22:52
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De nubes..
Aquel edificio de arquitectura española se imponía en pleno centro. Caminaba distraída, no había nada que captara su atención más que sus pensamientos.
Entro por la puerta principal, una puerta inmensa dorada, de madera finamente tallada, algo que obviamente ella no notó, seguía inmersa en su mundo
Llego a un pequeño despacho de aspecto viejo y olor a guardado. Un hombre mayor de aspecto serio escribía ligeramente en una antigua máquina de escribir, parecía digno de una maquina la rapidez de sus dedos.
Ella se paro al frente y lo observó unos segundo, el levantó su mirada.
-Buenos días…Y usted es?...- dijo con un tono de voz entre despreocupado y fastidiado.
-Yo? Oh, yo no soy más que una bohemia trucha, usted sabe, pseudo filosofa, ignorante en realidad- respondió la joven de ojos de caleidoscopio. El hombre la observo con una ceja arqueada.
-Oh, que...Interesante? pero me refería a qué se dedica, cual es su profesión.-dijo perdiendo un poco la paciencia.
-Bueno, no es algo muy común, es decir, yo…trabajo en la Asociación Mundial de Observación de Nubes, soy secretaria y especialista en formas tradicionales, usted sabe, conejillos, dinosaurios, ositos…
La cara de aquel ocupado hombre había pasado de impaciencia a total desconcierto, su mirada definitivamente había cambiado.
-Mire usted…yo hace años que vengo con esto pero nunca tuve con quien discutirlo, parece usted la persona indicada…
-Cuénteme, sin temores- Y sonrió con sus delicados labios finos, tenía una boca pequeña y rosada, como sus pómulos.
-Es vergonzoso…-tomo aire y prosiguió-solía tener mi propio firmamento, nubes gigantes de algodón, cielos azules y brillantes…y estaba ella. Era mi nube preferida, tenia forma de mariposa; ¡la cuide desde que era una oruga! Era mi más fiel confidente, estaba conmigo hasta en los días nublados…y ahora simplemente no logro encontrarla. El cielo se volvió monótono, las nubes parecen ásperas y deformes…-se oía desesperado, su voz se había entrecortado, rompió en llanto.
-Tranquilo, tranquilo…-lo sostuvo mientras él se desvanecía en lágrimas.
Aquel hombre serio y ocupado en solo segundos se había convertido en un niño sollozante y desconsolado.
-Piense usted, ¿Por qué su nube lo abandono?, ¿Acaso usted se olvido de soñar? O algo peor… ¡ya se! Ha estado usted padeciendo el síndrome del adulto inercico y desesperanzado! Pero no se preocupe, todavía no es tan tarde…-
El la observaba entre lágrimas, su mirada era pensativa. Ella le acerco un viejo papel doblado que tenía guardado en uno de sus miles de bolsillos, vestía ella un ridículo abrigo de cuero marrón. Deposito el papelillo en sus manos mojadas. Él desdoblo el papel y leyó.
“Las nubes reciben un trato injusto; la vida seria infinitamente más pobre sin ellas. Los que piensen en las formas que ven en ellas se ahorraran la factura con el psicoanalista. Declaremos ante todo el que quiera luchar: Alza la vista, maravíllate ante su efímera belleza y vive la vida con la cabeza en las nubes…”.
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21:17
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Amador
El piano sonaba desmesurado, una voz siceante me tocaba la espalda, él estaba ahí, tenso, cantante, danzante, irresistible.
Mis ángeles lo señalaron, era el amor, era MI amor.
Me acerqué tímidamente, le pedí una de Lennon, me dijo que le cabían más los Stones. Le sonreí ingenuamente y me miro acosador.
Salimos del bar a las 4, la brisa pre otoñal inundaba las abandonadas calles de la ciudad, me prestó su abrigo y un poco de su soledad.
Le conté de mi vida, de mi monotonía, el solo sonreía y disfrutaba de mi parlar.
Caminamos 4 cuadras hasta el puente colgante, fue ahí donde me detuve a mirar el mar, el horizonte, el cercano amanecer, el solo me miraba, decidí devolverle gentilmente las miradas.
¡Tenia ojos de rubí! Era todo un querubín…cabellos dorados, piel trigueña, labios de dios, y ¡Dios, que labios! Era una pintura de Miguel Ángel. Me preguntaba si no era producto de mi burda imaginación. Su mano en mi cintura me advertía que no. Era de madrugada y estaba parada viendo el mar con un extraño hermoso.
Me pidió un cigarrillo, le conté que no fumaba, me miro fijo y me dijo que él tampoco. Nos reímos y nos perdimos en el amor.
Abrí mis ojos, busque mi ropa y corrí, corría, era lunes, eran las 10. Amador me observaba deleitoso, parecía disfrutar de mí correr. Soltó una carcajada y me pidió que me acercara, quería ver mis ojos una vez más.
Lo besé en sus labios celestiales y me despedí. Nunca más lo vi, pero sé que al menos una vez en mi vida amé.
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22:41
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